
Tras unas cervezas, Juan CarlosArroyo me cogió fuera de base y me entrevistó para del blog de Animadores Colombianos. Me pidió algo de material de apoyo, y seleccionamos fragmentos publicables en Youtube cuidando la cantidad de contenido inadecuado o sexual (por ahí alcanza a salir un pipi).
Gracias Juan Carlos por darme la oportunidad de hacer el oso en internet.
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Independiente, experimental, y otros trucos de la mente.
Realizar un proyecto experimental no es necesariamente una búsqueda poética.
Me gustaría parafrasear a Paul Bowles en sus diarios, cuando dice que llegar a algo no es necesario, solo la muerte, porque todo lo inevitable es necesario.
En las formas narrativas con aspiración poética debe existir de alguna manera lo inevitable, me gustaría decir: los hechos.
El desplazamiento es un hecho: uno como animador puede hacer del desplazamiento una poética. Por ejemplo en Ivan Maximov y su animación Bolero (1992), o George Dunning en The Flying Man (1962), recordando dos de mis favoritos.
Es común encontrar proyectos que se desenvuelven como la mera observación de un movimiento, un loop con algunas variaciones, pero es la fascinación por ese movimiento, solo ese movimiento. El movimiento es lo inevitable.
Hace poco escuché que los primeros animadores de cartoons se diferenciaban unos de otros por la forma en la que hacían caminar a sus personajes. Este era un distintivo que debía ser único en cada estudio, una firma de estilo.
Un animador independiente es relacionado con un artista plástico. Al animador, por ser independiente, le atribuimos un estilo, como el estilo de una pintura. Yo creo que uno puede hacer animación independiente sin tener que hacer arte, o sin el estilo indepndiente; puede ser entretenimiento, o infografía, no está mal, no es negativo. No quiero ser presuntuoso. Quiero encontrar mis rasgos distintivos.
Realizar una producción independiente es una forma de realización garantizando libertad creativa, sacrificando comodidades. Las razones: económicas, filosóficas, estilísticas, comerciales, institucionales y demás.
Experimental y artístico; cerca. En la academia nos reforzaban la idea de la experiencia en el arte, es decir, crear experiencias o transmitir experiencias estéticas. Un proyecto experimental puede ser la búsqueda de novedosas formas de transmitir esas experiencias, o puede ser un catálogo de formas plásticas: materiales sensibles, si, no hay que ser concretos.
Hay que experimentar con la materia, y de ahí a la experiencia estética es puro proceso, o diálogo con la materia: diálogo del ejecutante, del espectador... no tiene que haber palabras, hay que construir relaciones, espacios, direcciones, emociones, y uno puede hacer trabajos muy experimentales llenos de relaciones abstractas sin llegar a lo inevitable.
Lo inevitable siempre es el fin de la película, el desplazamiento temporal. Y en el tiempo uno puede realizar experimentos miméticos, experimentos abstractos, experimentos con materiales, experimentos en el montaje, en el espacio, experimentos con técnicas establecidas: stop-motion, cut-ups, dibujo, software 3d, animación en directo; experimentos con la narrativa, una relación sonora, etc.
Es un error común relacionar la animación experimental con una técnica específica. Error justificable, gracias a la noción de experimental en el arte, la tradición del rechazo a formas establecidas, la búsqueda de la novedad, que en el caso de la animación, se referirían a los procesos canónicos de la industria, comúnmente relacionados con la realidad mimética, o el despliegue tecnológico marginando lo experimental a técnicas industrialmente ineficientes, o, alejadas de flujos de trabajo convencionales, cuantificables y predecibles.
También está el prejuicio de la comunicación: si no me relata, es experimental.
La producción experimental independiente suele verse como la masturbación del realizador. Un prejuicio del arte terapéutico, de una forma de autodesubrimiento, catarsis y ventilación de traumas, secretos y vergüenzas. Sin importar el nivel de acuerdo con estas prácticas, la alternativa sería la zona fría de la abstracción. Para un amplio sector de espectadores y muchos realizadores artistas, hay un límite de como debe verse una obra terapéutica, o como debe verse una experimento formal.

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